Nervio y corazón

Deleitaba y desesperaba por igual. Tantas veces falló lo difícil por no querer hacer lo fácil. Y tantas veces hizo bien lo difícil. Durante cuatro años electrizó al Bernabéu con su nervio, un futbolista de los que te levantan del asiento.

Su saltito justo después de ponerla en la cabeza de Cristiano en la final de Copa de 2011 lo dimos todos. Su zigzag previo al 2-1 en Lisboa es historia de la Décima.

Supo revertir su situación a base de trabajo y conseguir que incluso quienes en su día lo quisimos vender, hoy lamentemos su marcha. Deja huella. Huellas. Su huequecito en la historia del Real Madrid. No lo vamos a olvidar.

Todo nervio y corazón.

Gracias, suerte y hasta siempre, Fideo.

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Real Madrid v Atletico de Madrid - UEFA Champions League Final

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Gracias, Diego

Se marcha Diego López y con él se va un gran portero, un gran profesional y un gran madridista. A Capello le gustaba, pero por aquel entonces Casillas era indiscutible. Dio el paso de salir del Real Madrid en busca de oportunidades y en Villarreal deslumbró, demostrando su gran potencial, siendo partícipe de la época dorada del equipo, jugando en Europa y llegando a ser internacional con España. Muchos golpes ha recibido Diego a lo largo de estos años, uno de ellos fue quedarse fuera del Mundial de Sudáfrica en la última convocatoria tras haber sido convocado durante el año anterior. Otro, el descenso con el Villarreal tras haber jugado Copa de Europa con el equipo amarillo ese mismo año. Después fichó por el Sevilla y tampoco lo pasó bien, sufriendo en la figura de Palop un aperitivo de lo que meses más tarde encontraría en su vuelta a casa: un portero que por nombre y méritos anteriores partía con ventaja y apoyo mediático pese a no ser superior a él.

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Y llegó la oportunidad de su vida en el club de su vida. El Real Madrid llamó a su puerta tras la lesión de Casillas en Valencia en enero de 2013 –Mourinho quiso ficharlo antes– y él no se lo pensó dos veces. Rindió a un nivel excepcional hasta el final de temporada, siendo clave en las eliminatorias de Copa de Europa ante el Manchester y de Copa del Rey ante el Barcelona. Se ganó el puesto en el campo con grandes actuaciones, tan sólo empañadas por su error en el segundo gol del Atlético en la final de Copa de ese año, aunque decir o insinuar que aquel partido se perdió sólo por eso es tan injusto como la cantidad de cosas que se han escrito y dicho sobre Diego López en este año y medio para hacerle daño.

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Llegó al Real Madrid a luchar por un puesto en el campo y en los entrenamientos, con la ilusión de gozar de una segunda oportunidad en el equipo del que tuvo que salir para jugar y hacerse un nombre en el mundo del fútbol. Y se vio envuelto en una guerra que él no había empezado, en la que él no quería participar, que él nunca alimentó y por la que ha acabado llevándose duras e inmerecidas críticas por parte de un sector que no valora el trabajo y la profesionalidad como virtudes sino que responde a intereses bastardos. Despreciado por gran -borrega- parte de su afición sólo porque mediáticamente los amigos de su competencia -con su consentimiento- le hacían de menos tan sólo porque le estaba arrebatando el puesto. Pese a todo, ni un mal gesto, ni una salida de tono, ni una bronca. Y quizá tenía más razones para montar un pollo de las que tienen otros que sí los montan.

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Aquella parada ante el Borussia (tras una gran actuación en el partido de ida, pese a los cuatro goles encajados). Quizá la única vez que el Bernabéu al completo hizo justicia con él y coreó su nombre al unísono. Aquella parada bien habría merecido el pase a la final y de haberse remontado la eliminatoria habría sido en gran parte gracias a ella, lo cuál, quién sabe, quizá habría cambiado el signo de esta segunda etapa de Diego López en el Real Madrid.

Cuando al acabar esa temporada Mourinho abandonó el equipo y parecía destinado al banquillo, consiguió convencer también a Vecchi y Ancelotti de que era mejor y empezó la Liga como titular y con grandes actuaciones. Es conocido que Vecchi lo prefería antes que a Casillas, por lo que no es descabellado pensar que este último jugó la Copa de Europa en la temporada 13/14 por una cuestión “política” y para conservar la llamada “paz social”, imposible actualmente mientras Iker Casillas continúe en el equipo. El Real Madrid no pudo lograr el título de Liga y Diego se marcha sin haber sido partícipe directo en ningún título, una crueldad excesiva para un jugador que ha rendido a gran nivel y al que no se puede culpar de la no consecución de los títulos que ha disputado.

Lo más destacable del desempeño de Diego López en su segunda etapa en el Real Madrid es que hay que valorar sus actuaciones en un contexto de máxima presión. Pocas veces un jugador se habrá sentido más bajo la lupa, sabiendo que cada error sería magnificado y cada acierto minusvalorado mientras que para su rival por el puesto el trato mediático era radicalmente inverso. Tiene mucho mérito haber sabido aislarse de eso y que sus errores se cuenten con los dedos de una mano dada la infame e injusta valoración de su trabajo y el empeño de la prensa afín al “capitán” de poner a su rival en la diana.

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¿Por qué se va? Él quería seguir. Parece bastante claro que el Real Madrid le ha empujado a la puerta, lo cuál es una dolorosa injusticia y un bochornoso trato a un futbolista que lo ha dado todo (pero éste de verdad) por el equipo. Un tío que, además de ser un grandísimo portero, habría aceptado ser suplente y disputar el puesto de igual a igual con Keylor Navas en lo que seguramente habría sido una competencia sana. Un tío que no ha faltado a ningún entrenamiento voluntario y se ha dedicado en cuerpo y alma a lograr en el campo lo que otros querían arrebatarle fuera de él. Un tío que merecía un trato más respetuoso por parte de una directiva que no ha estado a la altura con él. Es entendible que si Iker se aferra a su contrato vitalicio y su finiquito de 30 millones para no abandonar el equipo, el Real Madrid no pueda deshacerse de él, pero la ficha de Diego no es tan alta como para que un club como el Madrid necesite prescindir de él tras el fichaje de Keylor Navas y la presumible continuidad de Casillas. Así no se soluciona ningún problema, y cierto sector de la prensa no dudará en hacerle a Keylor lo mismo que le han hecho a Diego, eso hay que tenerlo claro.  Dicen que “así se acaba el debate”. No, el tóxico debate no se acaba hasta que Iker Casillas abandone la entidad, porque siempre que él siga y su puesto se vea amenazado, quién lo amenace será perseguido por sus hordas de periodistas.

“Es una persona extraordinaria con un sólo defecto: no soporta encajar goles. Le he visto enfadarse en los entrenamientos. Es uno de los mejores porteros que he entrenado en mi vida. Se coloca bien, va bien con el pie con las dos piernas y es muy bueno en las salidas. Su mejor virtud son los reflejos. Tiene movimientos rápidos a pesar de que mide 1,96 metros”.

Estas palabras de Villiam Vecchi tras conocerse el fichaje de Diego por el Milán dejan bien claro que tampoco el cuerpo técnico se desprende de él con gusto, lo cuál también resulta desalentador. Y es que en el plano más importante, el deportivo, se marcha un portero mejor que el que se queda, obviando a Keylor Navas, que es más joven que ambos, atraviesa un mejor momento de forma y será titular siempre y cuando la política y la prensa lo permitan, visto lo visto.

Habrá que esperar al 31 de agosto para ver qué pasa con Casillas y si verdaderamente la política del club ha sido la de prescindir de ambos porteros, aunque no lo parece. Pero esta batalla la ha ganado él, fuera del campo concretamente, ya que dentro no ha podido. Y eso lo ha visto todo el mundo. Y deja a las claras el poder que sigue teniendo el capitán y su camarilla de periodistas en el Real Madrid. Castigar la profesionalidad, la entrega y el buen comportamiento y premiar la desidia, falta de compromiso y respeto al club y egoísmo. El mensaje a día de hoy es horrible.

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En definitiva, se marcha un portero que en ha sufrido una persecución mediática por causas ajenas a él, por haber sido elegido y defendido en su día por Mourinho y por quitarle el puesto de titular al niño bonito de la prensa, que no sólo no ha tenido la decencia de pedir a sus amigos periodistas que, por el bien del equipo, dejasen de enmierdar, sino que ha alimentado la polémica y les ha dejado hacer a su antojo hasta llegar a esta situación.

Diego López abandona el Real Madrid tras haber sido el portero titular durante año y medio, con la Décima y una Copa del Rey bajo el brazo y con el cariño y reconocimiento del sector de la afición no envenenado por la campaña periodística en su contra. Y ese cariño lo tendrá siempre. Queda desearle la mejor de las suertes en su nueva etapa, darle las gracias por tanto y pedirle perdón por tan poco. El madridismo es agradecido con la entrega y el compromiso y el tiempo pone a cada uno en su sitio, aún está el mundo del fútbol a tiempo de ser justo con Diego López.

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Gracias y hasta siempre, Diego.

 

Hasta siempre, Don Alfredo

Cuando yo conocí a Alfredo Di Stéfano él ya tenía el pelo canoso, no demasiado abundante y ya había arrugas en su rostro. No le vi jugar, pero me sé sus jugadas de memoria, sería capaz de reconocerlo por su forma de correr como hoy en día a los que visten la blanca.

La blanca, una camiseta cuya mística no existiría sin la figura de Don Alfredo. Así de simple.

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Y es que lo que es hoy en día el Real Madrid y lo que ha sido antes no se entiende sin la figura de La Saeta. No sones sólo las cinco Copas de Europa que se ganaron con él como jugador más destacado del equipo ni sus ocho Ligas en 11 años, es cómo inoculó su gen ganador en lo más profundo del ADN del Real Madrid. Y ahí sigue. La última jugada de la final de Copa de Europa del 62 contra el Benfica (ganaron los portugueses 5-3) es un lanzamiento desviado de Alfredo que se marcha fuera con el tiempo cumplido. Ahí ya tenía 36 años y sus mejores días habían quedado atrás, pero hay cosas que no se pierden nunca.
El último partido que vio de su equipo fue una final. Una final de Copa de Europa. La de la Décima. Y es que no se podía ir de este mundo sin volver a ver al Real Madrid en el lugar al que él lo elevó por primera vez: lo más alto de Europa.
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Dicen los que le vieron jugar, y podemos corroborar los que hemos visto vídeos suyos, que Di Stéfano era un todocampista. No era raro verle recibir en la media luna del área propia. Lo más cercano a echarse un equipo a la espalda que se haya podido ver nunca. Dirigir, organizar, marcar, asisitir y, sobre todo, no dejar de correr. Dejar en el campo hasta la última gota de sudor, hasta el último minuto. Eso era Di Stéfano, eso es el Real Madrid. Y mientras viva uno, vivirá el otro.
Gracias y hasta siempre, viejo.
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“Ya corre La Saeta, ya ataca mi Madrid”

Hemos vuelto

Ya está, la larga espera terminó. El Real Madrid ya tiene 10 Copas de Europa. 12 años de sinsabores, decepciones, frustración y una obsesión creciente con recuperar el trono perdido quedan atrás. El penalti de Figo en Delle Alpi, los goles de Morientes con el Mónaco, el gol de Zalayeta en aquella prórroga en Turín, el de Henry en el Bernabéu, el corte de mangas de Van Bommel y el gol de Makaay a los 10 segundos, una Roma venida a menos ganando en Chamartín, el 4-0 del Liverpool, el Lyon silenciando el Bernabéu, Stark y De Bleeckere, los penaltis contra el Bayern, el 4-1 de Dortmund… Todo eso pasó. Se acabó el “volveremos”. Hemos vuelto. Volvemos a reinar.

Hay que recordar de dónde venimos. Aquella eliminatoria de cuartos contra el Mónaco en 2004 dio comienzo a una de las épocas más negras de la historia del club. A aquello le seguirían seis años cayendo en octavos de final de nuestra competición predilecta, que acabarían con el Real Madrid fuera del primer bombo del sorteo de la fase de grupos. Hay que recordar cómo celebramos el desenlace de aquella eliminatoria entre Barcelona e Inter en 2010, que evitó la posibilidad de que el eterno rival disputase, y seguramente ganase, la final en nuestro estadio. Hay que recordar aquella frustración de ser incapaces de ganar una eliminatoria europea entre 2004 y 2011. Hay que recordar que, pese a ganar dos Ligas en ese período, el Real Madrid era una máquina de devorar entrenadores y ningún entrenador completó dos temporadas consecutivas desde la salida de Del Bosque en 2003 hasta la llegada de José Mourinho en 2010. Y la crisis institucional provocada por Ramón Calderón. Y el Bernabéu aplaudiendo a Ronaldinho y asistiendo años después a un 2-6 que ya vemos lejano y que hoy en día cuesta mucho imaginar.

Por suerte, Florentino Pérez decidió volver y empezó a construir un proyecto que ahora ve culminado su objetivo principal. Ese verano se fichó entre otros a Cristiano Ronaldo, Xabi Alonso, Benzema y Arbeloa, todos ellos campeones de Europa cuatro años después, y pese a que aquella temporada fue horrible y acabó en blanco con Alcorconazo y Lyonazo de por medio, ahí empezaron a sentarse las bases del cambio. Un cambio que llegaría la temporada siguiente con la llegada de José Mourinho, que consiguió hacer de un equipo sin alma ni fe un equipo ganador. Indiscutiblemente, él cambió el chip y este éxito no se entiende sin las tres temporadas que pasó aquí. Desbancó a Guardiola y al mejor Barcelona de la historia minando poco a poco su superioridad hasta hacerla desaparecer. Creó un bloque, un equipo que perdió tres semifinales seguidas pero que aprendió a estar ahí, entre los grandes, cosa que se había olvidado ya. Aquellas eliminaciones supieron mal, como todas, pero era distinto, estábamos ahí, rondándola, no hacíamos el ridículo.

Soccer - UEFA Champions League Final - Real Madrid CF vs Club Atletico de Madrid

Y después de una turbulenta temporada 12/13 llegó Carlo Ancelotti y logró conseguir de este grupo de jugadores algo inédito hasta entonces: madurez y tranquilidad en momentos críticos. La segunda parte del partido de vuelta de la eliminatoria de cuartos contra el Bourussia es el mejor ejemplo, el equipo supo salir del lío en el que se había metido en lo que parecía una reedición de las negras noches alemanas del Madrid y supo sufrir. Otro ejemplo es la eliminatoria contra el Bayern, con un equipo concentrado al 100% sin apenas fisuras durante 180 minutos ante el vigente campeón. Ese era el punto que le faltaba a este equipo para ser campeón de Europa, saber competir. Y esa pizca de suerte necesaria (el balón al palo de Mkhitaryan) para ganar una competición tan difícil.

Champions League - Borussia Dortmund v Real Madrid

Y ya está, el Real Madrid ha sido el mejor equipo de la competición, la ha ganado y vuelve a teñir Europa de blanco. La historia la escribimos nosotros. Hasta el 24 de mayo de 2014 el reto para cualquier equipo era conseguir 10 Copas de Europa, ese día elevamos el listón a 11. Quién consiga 10 ya no será el primero. La Décima ha sabido a gloria después de tanto tiempo y significa muchas cosas, sobre todo por lo que dejamos atrás. El Real Madrid ha vuelto, siempre vuelve, parece mentira que haya quién no se entere todavía.

Real Madrid v Atletico de Madrid - UEFA Champions League Final

Hala Madrid. Y nada más.

Real Madrid v Atletico de Madrid - UEFA Champions League Final

Un sueño en el infierno

Un mosaico imponente y un Robben asintiendo con la cabeza mientras sonaba el himno de la Champions en plan “os vamos a joder” hacían presagiar que el infierno prometido y esperado se iba a hacer realidad. Pero no.

Cuesta mucho menos imaginar al Real Madrid perdiendo una eliminatoria en jugadas de estrategia que ganándola, pero la Copa de Europa tiene estas paradojas y dos goles a balón parado en cinco minutos enterraron de un plumazo el ímpetu inicial de los bávaros, mucho menos imponente de lo esperado, dicho sea de paso. Sergio Ramos saldaba cuentas pendientes con el Bayern y su propia historia en esta competición como ya hiciera Coentrao en la ida y el fuego muniqués estaba ya extinguido en el minuto 20.

FC Bayern Muenchen v Real Madrid - UEFA Champions League Semi Final

Pero aún no era demasiado bonito. En un contragolpe letal Di María, Benzema y Bale descuartizaron a la defensa alemana y el galés sirvió en bandeja el tercero a Cristiano. Tercera puñalada. Y ésta, al igual que el 1-0 de la ida, con dedicatoria especial a los que (aún) defienden que sólo es lícito ganar jugando al tiqui-taca. Incluido Guardiola.

Modric no es un jugador para ganar balones de oro, es un jugador para ganar Copas de Europa. Y a su alrededor orbitó el Madrid en una primera parte que quedará para la historia. Como la eliminatoria de Xabi Alonso, a quien el cruel destino apartó súbitamente de su final soñada con el Real Madrid cuando tenía pie y medio en ella con esa tarjeta amarilla que recordará toda la vida. La defensa (Carvajal-Pepe-Ramos-Coentrao, para que quede constancia), sólida durante los 180 minutos de la eliminatoria, fue el pilar sobre el que se apoyó una noche mágica. La bestia blanca fagocitando sin piedad a su bestia negra.

Y después, la calma. El Real Madrid vivió 45 minutos plácidos en Múnich por primera vez en su historia y eso también era digno de disfrutarse. La constante tentación de frotarse los ojos y pellizcarse los brazos acompañó al madridismo hasta que Cristiano redondeó la goleada con su segundo gol de la noche. Era real. Estábamos en Lisboa.

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Cuando ya nos preguntábamos si alguna vez sucedería, este Madrid ha madurado y este grupo de jugadores ha jugado con la cabeza en su sitio una eliminatoria contra el vigente campeón de Europa. El gran logro de Ancelotti, a quien más de uno le debe una disculpa.

12 años después, el Real Madrid vuelve a citarse con la Historia. El 24 de mayo de 2014 disputará una final que el madridismo lleva ansiando más tiempo del debido. La gloria está a un paso, otra vez. Y sabe bien tenerlo tan cerca, pero habrá que sudar lo suyo si se quiere alcanzar, esto es la Copa de Europa y aquí nadie regala nada, bien lo sabemos nosotros. Pero hemos vuelto, el mundo entero mira al Real como quien mira a Bolt antes de la salida de los 100 metros, sabiendo que puede estar a punto de presenciar, una vez más, una hazaña histórica. Volver a ver a unos tíos de blanco lograr algo que nadie ha logrado antes. Porque eso es el Real Madrid.

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Y corrió

Empezaba la noche con una amarilla a Isco en la primera falta del partido que nos recordaba que contra el Barcelona no hay regalos. Con Cristiano viendo el partido en la grada, el Real Madrid bailó en los primeros 20 minutos al ritmo de Isco, Di María, Bale y Benzema, y no es casualidad que de un contragolpe eléctrico entre los cuatro naciera el primer gol(azo) de la final. “Nosotros somos de rock and roll. Pum. Tralla y que pasen cosas”, dijo un día Xabi en una entrevista. Y así fue. Que se joda el tiqui-taca.

En un lance del partido Coentrao hizo el mayor ejercicio de contención de su vida para no estrellarle la cabeza a Neymar tras uno de sus desmayos fortuitos, y ahí todos fuimos Coentrao. Tras el gol, voluntario retroceso blanco (mucho mejor planteado que el del partido de Liga) que se saldó sin ningún disparo entre palos del Barcelona.

Y después, las ocasiones falladas. El déjà vu. Muchos son los partidos contra el Barcelona en los últimos años en los que el Madrid no ha  refrendado su superioridad debido al poco acierto en la definición y han acabado sin victoria blanca. Y volvían los viejos fantasmas cuando en un córner mal defendido, uno de los pocos errores madridistas de la noche, Bartra empataba y metía a su equipo en un partido que a nadie habría sorprendido que hubiese marchado 0-3 en ese momento.

Pero esta vez la noche era blanca. Tenía que serlo. Después de unos minutos de desconcierto tras el mazazo del gol encajado, Modric, Isco y Benzema volvieron a temporizar el juego y al final la lógica se impuso. Al contragolpe, como tenía que ser, como les duele. En el minuto 85 Isco y Coentrao sacaron el balón desde atrás con maestría y lo demás es historia. Bale lo recogió en campo propio y corrió. Y le embistieron. Se salió del campo. Volvió a entrar. Y siguió corriendo. Y marcó el gol de la victoria. Eso es el Madrid, una fe inquebrantable en correr más que tu rival, en ganar. Y Bale lo ha entendido ya.

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Qué bonito es y será siempre ver a 11 tíos con el escudo del Real Madrid en el pecho ganar un trofeo. Campeones de Copa. Y ahora, a soñar.

En un universo paralelo

“Ya desde la pretemporada empezaron a ir mal las cosas en la ‘casa blanca’ cuando en junio Cristiano Ronaldo fue citado para declarar como imputado por fraude fiscal. Acusado de defraudar 4,1 millones de euros a Hacienda, el caso se solventó con el pago entre él y su entorno de casi 25 millones de euros para evitar ir a juicio. Para la historia quedará la imagen de Ronaldo acudiendo a declarar rodeado por una muchedumbre enfurecida que le lanzó objetos e insultó gravemente, viéndose muy dañada la imagen del Real Madrid en el mundo. 

La política de fichajes de Florentino Pérez, una vez más, lamentable. Se encaprichó de un jugador innecesario como Bale por, según él por aquel entonces, 50 millones de euros, teniendo que renunciar a fortalecer el puesto de central, muy mermado en la plantilla. Dejó escapar a Isco e Illarra, dos jóvenes joyas del fútbol español, que acabaron recalando en el Barcelona. Además, no se incorporó a ningún canterano al primer equipo y se cedió al jugador más prometedor de la cantera, Jesé Rodríguez, al Everton inglés. En definitiva: un desastre. A todo esto hay que añadirle que ya mediada la temporada, un peso pesado del vestuario como es Xabi Alonso, anunció que al finalizar la misma se retiraría del equipo y no renovaría, cansado del vestuario y la inestabilidad del club. 

Ancelotti ha tomado con frecuencia a lo largo de la temporada la decisión de dejar en el banquillo a Sergio Ramos, campeón de Europa y del Mundo con España, algo difícil entendible, y más viendo como Pedro o Iniesta lo juegan todo en el eterno rival.

Pero el momento de mayor convulsión llegaría cuando un socio del Real Madrid denunció a la junta directiva para esclarecer las cifras del fichaje de Bale. El juez Ruz aceptó la denuncia y se descubrieron pagos de justificación dudosa que elevaban el precio del fichaje del galés a más de 100 millones de euros. El escándalo, el bochorno, la mentira. El presidente había engañado a sus socios y tuvo que dimitir. El resto de fichajes efectuados durante su mandato, en entredicho (¡a saber qué ha hecho!). Los títulos logrados, también. Al cargo de la presidencia se quedó el hasta entonces vicepresidente, Fernando Fernández Tapias, pero está claro que debe haber elecciones. Sanchís se postula como una opción interesante y ya se habla de que podría traer bajo el brazo a Míchel como entrenador y Mata y Cazorla como bazas electorales.

En el vestuario el ambiente tampoco es bueno, Cristiano Ronaldo, al descubrirse el verdadero salario de Bale, montó en cólera porque éste cobra más que él y quiere una renovación, cuando apenas hace un año de la anterior. Ya son muchos los madridistas que le acusan de pesetero. Además, Cristiano vomita con frecuencia en los terrenos de juego, lo cuál ha levantado suspicacias sobre su estado de salud y las causas a las que se pueden deber estas náuseas.

El equipo tampoco responde. Mientras Ancelotti apuesta por pequeños cambios en el estilo, los pesos pesados del vestuario se niegan a ello, habiendo declarado incluso públicamente que el estilo del Real Madrid es innegociable. No se sabe si el técnico continuará la próxima temporada, ya que cada vez que se le pregunta en rueda de prensa evita responder claramente, lo cuál alimenta la inestabilidad del club.

Para más inri, en el último enfrentamiento entre Real Madrid y Barcelona, Pepe pisó la cabeza de Sergio Busquets en una acción deleznable, indigna de un profesional y que debería acabar con Pepe lejos de la disciplina madridista.

Pero no acaba ahí la cosa. Lo último ha sido la sanción de la FIFA al club blanco por consdierar que ha cometido irregularidades graves en el fichaje de diez futbolistas menores de edad, que de confirmarse supondrá que no podrán realizarse fichajes hasta el verano de 2015. Y todo esto con el logo de Unicef en la camiseta. Fernández Tapias huye hacia adelante y no reconoce ningún error, insinuando una persecución. ¡Qué vergüenza! ¡Con lo que ha sido este club y se lo han cargado! Esto no es más que un nuevo ejemplo de la nefasta gestión de Florentino Pérez y de que hace falta al fin savia nueva en la dirección de una disciplina deportiva que cada vez muestra menos valores, al contrario que su eterno rival.

Y aún no ha acabado la temporada, aún puede ir a peor. Parecía que tras el paso de Mourinho por el equipo blanco no se podía caer más bajo pero sí, Florentino lo ha conseguido. El Real Madrid como institución ha tocado fondo.”

Y a nadie le extrañaría leer un artículo así en As o Marca si el Real Madrid estuviera en la piel del Barcelona esta temporada. Así son las cosas.